Ejemplares de pingüinos papua, Pygoscelis papua, en la peninsula
de Byers, en la isla Livingston en el archipielago de las Shetlands
 del Sur./ Andrés Barbosa
Los pingüinos papúa, Pygoscelis papua, aparecieron en la Antártida hace 3,7 millones de años, en el archipiélago de Crozet, situado al sur del océano Índico. Investigadores del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) y la Pontificia Universidad Católica de Chile, junto a otras instituciones de Chile, Brasil y Francia, han colaborado en esta investigación que confirma que la expansión de las colonias de pingüinos se produjo siguiendo la Corriente Antártica.

Gracias a estudios genéticos, los investigadores han podido establecer en qué orden los pingüinos fueron colonizando las islas sub-antárticas, ya que los datos les permiten establecer la antigüedad de cada uno de los núcleos de población estudiados. Del archipiélago de Crozet, donde surgieron hace 3,7 millones de años, pasaron al de Kerguelen, donde llegaron hace 2,3 millones de años aproximadamente, y de ahí al archipiélago de las Malvinas y a la península Antártica hace alrededor de 1,2 millones de años, cuando terminó el proceso de colonización.

Esquema de cómo evolucionó la distribución de los pingüinos papúa desde hace 3,7 millones de años.
 1.- Archipiélago de Crozet, 2.- Archipiélago de Kergulen, 3.- Archipiélago de las Malvinas y Península antártica

Junto al Frente Polar, la Corriente Antártica, que rodea el continente girando en el sentido de las agujas del reloj de oeste a este, crea una zona donde cambian la temperatura y la salinidad del agua formando una barrera natural para la distribución de especies. “Al comprobar el orden de colonización de las diferentes poblaciones, hemos podido ver que los pingüinos han seguido esa corriente a la hora de colonizar nuevos territorios porque no han llegado a la península antártica siguiendo el camino más corto y directo”, explica el investigador del MNCN Andrés Barbosa.

“Todavía hay material que estudiar pero los datos que hemos recopilado sugieren que las relaciones evolutivas o filogenia de la especie sugieren que en lugar de las dos subespecies que se reconocen hasta ahora, puede que tengamos por lo menos cuatro subespecies o quizás especies diferenciadas”, apunta Juliana Vianna de la Universidad chilena.

Fuente: MNCN
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